Concilios que condenaron la doble predestinación
Los concilios que abordaron la cuestión de la doble predestinación adoptaron una postura de condena firme y unánime.
La idea de que Dios predestina a algunos para la salvación y a otros para la condenación fue rechazada como herética, contraria a la doctrina católica de la voluntad salvífica universal de Dios y la libertad humana.
A continuación, se resumen las principales condenas conciliares a la doble predestinación:
Sínodo de Arlés (473):
Este sínodo condenó las enseñanzas del presbítero Lúcido, quien afirmaba que "unos están destinados a la muerte y otros predestinados a la vida".
Lúcido fue obligado a retractarse y afirmar que Cristo vino también por los perdidos.
Sínodo II de Orange (529):
Este sínodo declaró anatema a la creencia en la predestinación para el mal, reafirmando que todos los bautizados, con la gracia de Dios, pueden alcanzar la salvación.
Sínodos de Quierzy (849 y 853):
Estos sínodos, convocados para abordar las enseñanzas del monje Gothescalco, quien defendía la doble predestinación, afirmaron que Dios predestina a todos para la salvación, aunque algunos la rechacen por su libre albedrío y se condenen.
Sínodo de Valence (855):
Este sínodo, aunque inicialmente tuvo diferencias con el Sínodo de Quierzy sobre la terminología, finalmente se reconcilió con él y rechazó la doble predestinación, afirmando que Dios previó la maldad de los impíos, pero no la predestinó.
Concilio de Trento (1545-1563):
Este concilio, en su canon 17 sobre la Justificación, anatematizó la idea de que la gracia solo se da a los predestinados a la vida, condenando así la doble predestinación y reafirmando la universalidad de la salvación.
Estos concilios, que abarcan un periodo de más de mil años, demuestran la consistencia de la Iglesia en rechazar la doble predestinación.
Se puede observar una clara línea de continuidad en la enseñanza de la Iglesia, que siempre ha defendido la compatibilidad entre la gracia divina y la libertad humana, la posibilidad de salvación para todos y la responsabilidad del individuo en su destino final.