La piedra de tropiezo ‒para Juan y para nosotros.
Sin embargo, deberíamos destacar también que existe una omisión significativa en Lucas 7:22. Como este versículo aporta ejemplos concretos del cumplimiento de la misión de Jesús articulada en Lucas 4:16–30, el hecho de que deje fuera las referencias a “proclamar libertad a los cautivos” y “poner en libertad a los oprimidos” es sorprendente. ¿Por qué omite Jesús estas importantes líneas? La respuesta se encuentra en la base para la pregunta de Juan: “¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro?” (Lucas 7:19). Juan está preguntando con franqueza: “¿Eres tú el Mesías que hemos estado esperando?”. La razón por la que lo hace es bastante obvia, cuando pensamos en ello. Después de todo, Juan había oído informaciones sobre el manifiesto de Nazaret de Jesús, sus declaraciones de lo que había venido a cumplir.
Sin embargo, el anuncio de Jesús de que él liberará a los oprimidos/cautivos ‒lo cual es fundamental para Lucas 4:16–30‒ no se ha cumplido en el caso de Juan. Encarcelado por Herodes, la realidad es que la venida de Jesús no ha liberado a Juan de la cárcel. Por tanto, Juan tiene dudas legítimas.
Esa es precisamente la razón por la que Jesús termina su respuesta a los discípulos de Juan con este desafío: “Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mi” (Lucas 7:23). “El que” es, en primera instancia, el propio Juan. Están advirtiendo personalmente a este sobre una posible piedra de tropiezo para sus expectativas del reino. Jesús insinúa que no puede garantizar que Juan participará inmediatamente en los beneficios liberadores del reinado del jubileo de Dios. De hecho, resulta que Juan morirá en la cárcel (Mateo 14:3–11; Marcos 6:17–29); en su caso, habrá un retraso en los beneficios del reino, hasta la resurrección. ¿Puede vivir Juan con el hecho de que el jubileo sea para otros ‒por ahora‒ mientras él permanece en prisión?
Sin embargo, Juan no se equivocaba al esperar la liberación. Él tenía la expectativa bíblica apropiada de que (parafraseando la Oración modelo) cuando el reino de Dios venga, la voluntad de Dios será hecha en la tierra como en el cielo. La venida del reino significaba (y significa) nada menos que la restauración de nuestra vida terrenal a la plenitud de los propósitos originales de Dios para la bendición, la paz y la justicia en la tierra (y que sin duda incluyen la liberación de los injustamente encarcelados). Lo que Juan no entendía era que todo el reino no viniera inmediatamente. Juan corría el peligro de tropezar acerca de Jesús en este punto. Esperaba demasiado, demasiado rápidamente.
Sin embargo, históricamente, muchos cristianos han tenido el problema contrario. No hemos esperado lo suficiente. Y lo que hemos esperado, lo hemos pospuesto frecuentemente hasta el “cielo” y el retorno de Cristo. No hemos creído realmente que Dios se preocupa por este mundo de personas reales en sus situaciones históricas reales, a menudo caracterizadas por la p 292 opresión y el sufrimiento. Nuestro entendimiento de la salvación se ha caracterizado por un misticismo no bíblico. Por tanto, nuestras expectativas del futuro no han reflejado a menudo las buenas nuevas globales que Jesús proclamó en Nazaret.
En otras palabras, Juan no es el único que corre el peligro de tropezar acerca de Jesús. Dado el mensaje que este proclamó en Nazaret, los cristianos contemporáneos podrían verse planteando la pregunta de Juan (“¿Eres tú el que ha de venir?”), pero por una razón diferente. Esta visión integral del reino de Dios (que la audiencia de Jesús en Nazaret recibió como buenas nuevas) podría desorientarnos porque desafía nuestros prejuicios. Parece demasiado terrenal o mundana. Esto no se parece al reino que hemos estado esperando. De hecho, el reino de Dios, tal como lo presenta el capítulo anterior, podría sonar demasiado a “evangelio social” ‒un término que es anatema en muchos de los así llamados sectores conservadores de la iglesia actual, especialmente entre cristianos educados en la idea de Jesús como “salvador personal”, donde esto contrasta con la noción supuestamente liberal de la salvación del orden social.
Sin embargo, si encontramos desafiante esta enseñanza integral, quizás sea el momento de afrontar el reto que el Hijo de Dios trae. Porque, aunque puede desorientarnos realmente, la Biblia es bastante clara en que la salvación implica la restauración de la vida humana (en sus aspectos corporales y sociales) a lo que esta debía ser. Quizás sea el momento de volver a la Biblia y “conservar” su enseñanza de la salvación integral en lugar de apartarse “liberalmente” de ella (como muchos en la iglesia han hecho).
Pero esta visión de la salvación integral solo desorienta inicialmente. En última instancia, trae buenas nuevas ‒¡incluso grandes nuevas!‒ Porque si somos honestos en este tema, el reino de Dios es exactamente lo que necesitamos, ya que se ocupa tanto de nuestro quebrantamiento presente como de nuestros anhelos más profundos de restauración y renovación. Sabemos que el quebrantamiento impregna a la iglesia y la sociedad, en lo individual y lo colectivo; esto incluye matrimonios fracasados, drogadicción, promiscuidad sexual, violencia doméstica, racismo, pobreza, enfermedad, guerra, genocidio, codicia y angustia. Y anhelamos y esperamos desesperadamente la curación y la paz de Dios. Si solo pudiéramos acabar con nuestros hábitos dualistas arraigados de mentalidad y vida (nuestra división de la realidad en sagrado y secular, en espiritual y terrenal), podríamos empezar a abrir nuestros corazones al poder de la salvación integral de Dios; porque las buenas nuevas son que Dios quiere curar todo nuestro quebrantamiento, tanto interno como externo, tanto personal como social.
Middleton, J. R. (2018). Un cielo nuevo y una tierra nueva: Regresando a la escatología bíblica (L. Viegas, Trad.; 1a edición, pp. 290-293). Andamio; CEEB.