OAP72

✝ Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno; absteneos de toda forma de mal. 1Tes 5.21-22 ✝

04/04/25

Juan Crisóstomo - Crianza de los hijos.

Juan Crisóstomo ofrece numerosos consejos a los padres sobre la educación de sus hijos, enfatizando la importancia de comenzar desde la más tierna infancia y de inculcar valores cristianos. Considera la negligencia en este campo como un pecado gravísimo.

Entre sus consejos destacan:


  • Priorizar la educación cristiana sobre todo lo demás. Los padres deben demostrar su preocupación por sus hijos educándolos constantemente en la piedad.


  • Imprimir buenas enseñanzas en el alma tierna del niño desde el principio, comparándola con cera blanda que puede moldearse fácilmente. Es crucial empezar muy pronto y educar constantemente.


  • Convertir al niño en un "atleta de Cristo" y un "ciudadano del cielo". La educación debe formar en las virtudes cristianas, alejando al niño de las seducciones del mundo.


  • Vigilar el entorno del niño y su mundo interior. El padre es como el legislador de una ciudad (el alma del niño) con cinco puertas (los sentidos) y viviendas (las facultades del alma).


  • Educar los sentidos del niño, ya que son los canales de contacto con el mundo exterior. También deben ayudarlo a dominar su carácter y apetito sexual, desarrollando su capacidad de razonar para que practique la virtud.


  • Utilizar el temor y las promesas como ejes centrales del método educativo, siguiendo el modelo de Dios. Esto implica ser severo y usar amenazas para fomentar el miedo, pero también ofrecer halagos, recompensas, cariño y comprensión. Sin embargo, el uso de azotes debe ser moderado y no continuo para que el niño no los desprecie.


  • Enseñar al niño a no injuriar, no hablar mal de nadie, no jurar y ser pacífico. Si transgrede estas normas, debe ser castigado con miradas severas, palabras mordaces o reproches, alternando con halagos y promesas.


  • Enseñar la bondad y la amabilidad. Si el niño es insolente, debe ser corregido. También se le debe enseñar a hablar de sus propios pecados en lugar de acusar a otros.


  • Involucrar a la madre, al pedagogo y a otros sirvientes en la labor educativa, para que todos vigilen los malos pensamientos del niño. La elección de estos colaboradores debe hacerse con gran cuidado.


  • Contar historias edificantes en lugar de cuentos necios. Es recomendable relatar historias bíblicas como las de Caín y Abel, adaptándolas a la comprensión del niño y extrayendo lecciones morales.


  • Llevar al niño a la iglesia, especialmente cuando se lean las historias que se le han contado en casa, para reforzar su aprendizaje.


  • Poner nombres de santos a los hijos en lugar de nombres de antepasados, para que esto sea un motivo de emulación y un recuerdo de la virtud.


  • Cuidar lo que el niño oye, evitando que escuche cosas inconvenientes de criados, pedagogos o nodrizas.


  • Cuidar lo que el niño ve, suprimiendo adornos innecesarios y dirigiéndolo hacia bellezas como el cielo, el sol, las estrellas y las Sagradas Escrituras.


  • Enseñar canciones divinas para evitar canciones vergonzosas.


  • Evitar que el niño se bañe con mujeres y que esté en lugares con muchas mujeres juntas.


  • Enseñar la importancia de la castidad y prometer un matrimonio temprano como medio para frenar el impulso sexual.


  • Educar el "genio" (carácter) del niño, enseñándole a soportar las injusticias propias con moderación y a defender al débil con la debida mesura. Esto se puede lograr entrenándolo con los criados y provocándolo para que aprenda a controlar sus impulsos.


  • Enseñar al niño a no defenderse cuando lo insultan o sufre daño, y a no ser indiferente ante el sufrimiento ajeno.


  • Enseñar el orden natural y a tratar a los esclavos con bondad, recordando que la esclavitud es consecuencia del pecado.


  • Fomentar la prudencia enseñando al niño a conocer y despreciar las cosas humanas como la riqueza y la gloria, y a temer solo a Dios.


  • Preparar al niño para el matrimonio de una manera espiritual, invitando a Cristo en lugar de celebrar con flautas, cítaras y bailes.


  • Enseñar a las niñas a apartarse del lujo, los adornos y la vanidad, siguiendo estos mismos principios educativos.


En resumen, Juan Crisóstomo aboga por una educación integral y temprana que forme el carácter del niño en las virtudes cristianas, lo aleje de la vanagloria y lo prepare para una vida de piedad y servicio a Dios, tanto en su vida personal como en el matrimonio.