El Evangelio según Jesucristo
El anuncio del Reino de Dios
Desde el inicio de su ministerio, Jesús predicó un mensaje claro: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio» (Marcos 1:15). Su evangelio no era una doctrina abstracta, sino la proclamación de que el reinado de Dios se había hecho presente en él.
El Sermón del Monte revela el carácter de este reino: bienaventurados los pobres en espíritu, los que lloran, los mansos y los que tienen hambre y sed de justicia (Mateo 5:3-6). El evangelio no se limita a una promesa futura, sino que comienza a transformar la vida presente.
El Evangelio en obras y milagros
Jesús no solo habló del reino, lo encarnó. Sus milagros fueron señales visibles de la llegada de la salvación. Cuando devolvió la vista a los ciegos y el oído a los sordos, cuando los cojos caminaron y los muertos resucitaron (Mateo 11:5; Lucas 7:22), cumplía lo anunciado en Isaías, texto que él mismo citó en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor» (Lucas 4:18-19; cf. Isaías 61:1-2).
El Evangelio de la cruz
El clímax del evangelio según Jesucristo es la cruz. Allí se cumple lo que él mismo anunció: «El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45). La cruz no fue un accidente, sino el centro del plan de Dios revelado por el mismo Jesús a sus discípulos en varias ocasiones (Mateo 16:21; Lucas 18:31-33).
Incluso en medio de su agonía, Jesús seguía revelando el carácter de su evangelio: misericordia para con sus enemigos («Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», Lucas 23:34) y salvación para el pecador arrepentido («De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso», Lucas 23:43).
El Evangelio de la resurrección
El evangelio no termina en la tumba. Al tercer día, Jesús resucitó conforme a su palabra: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré» (Juan 2:19). Los ángeles anunciaron a las mujeres en la tumba vacía: «No está aquí, pues ha resucitado, como dijo» (Mateo 28:6).
La resurrección no solo confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios, sino que inaugura una nueva creación. «Porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14:19).
El Evangelio para todas las naciones
El evangelio según Jesucristo no se queda en Israel, sino que se expande hasta los confines de la tierra. El mandato final fue: «Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mateo 28:19-20).
Aquí se muestra la universalidad del mensaje: todos los pueblos están invitados a entrar en el reino de Dios, recibiendo por la fe la salvación que Cristo ofrece.
Conclusión
El evangelio según Jesucristo es la proclamación de que Dios reina, que su Reino se ha acercado en la persona de Jesús, que los pobres, los quebrantados y los cautivos encuentran en él libertad y vida, que la cruz revela el amor redentor de Dios y que la resurrección inaugura una esperanza que nada puede apagar.
La buena noticia sigue siendo la misma hoy que ayer: en Jesucristo hay vida, perdón y esperanza para todos los que creen en él.