La predestinación según los Padres de la Iglesia
La postura de los padres de la Iglesia sobre la predestinación, particularmente al comentar la Carta a los Efesios (1, 4-5), refleja un esfuerzo por armonizar la soberanía absoluta de Dios con la libertad humana. Para los Padres, la predestinación es principalmente un acto de amor divino que precede a la creación del mundo.
A continuación, se presentan las posturas principales:
1. La Predestinación vinculada a la Presciencia
Varios Padres sugieren que la elección divina se basa en el conocimiento previo que Dios tiene de las decisiones humanas.
Ambrosiáster (fl. c. 366-384):
Sostiene que Dios, que conoce de antemano todas las cosas, sabía quiénes creerían en Cristo y, basándose en esa respuesta prevista, los eligió. Para él, la gracia de Dios se manifiesta en aquellos que se ofrecen voluntariamente movidos por la caridad.
Severiano de Gábala (fl. 408-431):
Indica que Dios, en su poder previsor, proporciona a cada uno lo que le conviene, previendo la elección de cada persona incluso antes de que esta ocurra.
2. Voluntad Antecedente y Consecuente
Juan Crisóstomo (344/354-407) ofrece una explicación para salvaguardar la bondad divina:
Distingue el plan de salvación como un acto de gracia que se activa cuando la humanidad estaba al borde de la destrucción.
Para Crisóstomo, la predestinación es un plan de amor destinado a que nadie perezca, interpretando que el tiempo en que no había esperanza fue cuando Dios intervino con su plan eterno.
3. La Predestinación como Gracia Soberana
Agustín de Hipona (354-430) es la figura central en la definición de esta doctrina en Occidente:
Define la predestinación como la presciencia y preparación de los beneficios de Dios, mediante los cuales se salva ciertamente todo el que se salva.
Argumenta que no fuimos elegidos porque Dios previo que seríamos santos por nosotros mismos, sino para que Él nos hiciera santos por su gracia.
4. Precisiones sobre el Número y la Naturaleza de los Elegidos
Jerónimo de Estridón (c. 347-420):
Realiza una distinción técnica: los seres humanos son "predestinados" porque no existían y fueron creados después, mientras que a Cristo se le llama "destinado" porque, al ser eterno, nunca hubo un tiempo en que la voluntad del Padre le precediera para que existiera.
Fulgencio de Ruspe (467-532):
Defiende la inmutabilidad y el número fijo de los predestinados. Afirma que Dios, en su presciencia infalible, conoce el número exacto de los elegidos, de modo que nadie en esa lista pierda la salvación ni nadie fuera de ella la alcance.
Orígenes de Alejandría (fl. c. 200-254):
Propuso la teoría de la preexistencia de las almas, sugiriendo que la predestinación podía estar ligada a méritos o caídas en un estado previo a la encarnación, postura que fue posteriormente condenada.
En resumen, los Padres coinciden en que la predestinación en Efesios es un plan de adopción divina a través de Cristo, cuyo fin es la gloria de la gracia de Dios y la santificación de los creyentes antes de la constitución del mundo.