Bitácora Personal

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22/02/25

Misericordia con bisturí: Cuando Dios desentraña lo oculto para sanar - Por Fernando Alvarado

 ¿En serio crees que ese pecadito de closet, esa mentira bien enterrada, ese egoísmo que disfrazas de "buenas intenciones", no huele a podrido en las narices de Dios? Jesús lo dejó claro: "Nada hay oculto que no llegue a descubrirse", pues jugar al escondite con el Creador tiene tanto sentido como tapar el sol con un dedo. Nosotros, en cambio, somos expertos en construir búnkeres de apariencias: perfiles pulidos en redes, sonrisas de domingo, excusas vintage para justificar nuestra miseria moral. Pensamos que Dios cae en el fake como ese seguidor ingenuo que da "me gusta" a todo. ¡Error! Él no es el público pasivo de nuestro teatro personal; es el director que, en amor, corta la corriente y enciende los focos. ¿Por qué? Porque prefiere verte en vergüenza ahora que condenado después.

Dios no desentierra tus secretos por sadismo divino. Lo hace como un cirujano que abre la herida antes de que la infección te mate. ¿Que duele? Claro. ¿Que te expone? Sin duda. Pero es ahí, en esa cruda luz, donde el arrepentimiento deja de ser un ritual y se vuelve grito de libertad. Y a veces, incluso, Él no solo te salva a ti: revela tu hipocresía para proteger al que podría caer bajo tu influencia tóxica. Su misericordia tiene dientes. Así que, la próxima vez que sientas el pánico de que "algo se filtre", respira. No es el fin: es Dios rompiendo tus cadenas con mano firme (y un poco de drama celestial). La verdad duele, pero la mentira mata. Agradece que alguien —el único que puede— te quite la máscara antes de que te asfixies en ella.