Misericordia con bisturí: Cuando Dios desentraña lo oculto para sanar - Por Fernando Alvarado
¿En serio crees que ese pecadito de closet, esa mentira bien enterrada, ese egoísmo que disfrazas de "buenas intenciones", no huele a podrido en las narices de Dios? Jesús lo dejó claro: "Nada hay oculto que no llegue a descubrirse", pues jugar al escondite con el Creador tiene tanto sentido como tapar el sol con un dedo. Nosotros, en cambio, somos expertos en construir búnkeres de apariencias: perfiles pulidos en redes, sonrisas de domingo, excusas vintage para justificar nuestra miseria moral. Pensamos que Dios cae en el fake como ese seguidor ingenuo que da "me gusta" a todo. ¡Error! Él no es el público pasivo de nuestro teatro personal; es el director que, en amor, corta la corriente y enciende los focos. ¿Por qué? Porque prefiere verte en vergüenza ahora que condenado después.