HOMILÍA GAUCHA
no me callo ni me vendo,
soy un gaucho que anda ardiendo
por las penas de los feos.
No me arrastro entre los reos
de los templos de apariencia,
yo predico en la conciencia
y no adorno la mentira,
que el que al pobre lo retira
se condena en su opulencia.
(Proverbios 14:31)
Hoy les canto a los pastores
que en palacios predican,
y las ovejas se achican
mientras gozan sus honores.
Ya no curan los dolores
del que sufre en la campaña,
no les duele la pestaña
ver al pobre en la miseria,
y su fe se vuelve feria
si el billete es la cizaña.
(Ezequiel 34:2-3)
No es Jesús quien los dirige
si el banquete es pa’ los ricos,
y el que llora en sus apriscos
no halla abrigo ni cobije.
Lo que el Evangelio exige
es cuidar del desvalido,
no adornar tanto el vestido
ni hacer show con la Palabra,
pues el Reino no se labra
si el mendigo es escondido.
(Lucas 14:13-14)
Yo he leído las Escrituras,
de Génesis a Apocalipsis,
y no hallé ni por eclipses
templos llenos de ataduras.
Cristo anduvo por basuras,
junto al pobre y el perdido,
no vivía en lo florido
ni adoraba su cartera;
hoy la Iglesia es una esfera
de poder mal entendido.
(Mateo 8:20)
Si el pastor no se arrodilla
junto al hombre que no tiene,
si no suda, si no viene
a escuchar lo que martilla,
es un lobo que se humilla
cuando el oro le reluce,
pero Cristo no conduce
rebaños pa’ enriquecerse,
y el que al pobre no merece
que su púlpito desuse.
(Mateo 23:27)
No se olviden del hambriento,
ni del preso ni el desnudo,
que el que escucha sin ser rudo
es quien tiene entendimiento.
Dios no es solo un mandamiento,
es amor que se desvela,
y su Iglesia no consuela
si no atiende al lastimado:
quien no ama al desechado,
no lo espera en la cancela.
(Mateo 25:35-40)
Así hablo y no me arrepiento,
pues la Verdad me comanda;
ya no sirve una demanda
si no hay santo movimiento.
Dios no quiere el monumento
ni el incienso bien servido,
quiere un pecho con sentido
pa' llorar con el que llora,
y no un show de media hora
con el pobre excluido.
(Isaías 58:6-7)
Vuelvan, pues, a la ternura
del que lava pies cansados,
no se hinchen de resultados
si descuidan la amargura.
La más santa arquitectura
es el alma compungida,
no el cartel ni la subida
en canales y programas:
¡Cristo vive donde clamas
por justicia y por comida!
(Santiago 1:27)
Y así cierro mi sermón,
con el sombrero en la mano,
pues el Reino no es lejano
si lo alumbra el corazón.
No precisa ostentación
el amor que nos redime:
¡la fe sin obras se oprime!
Y al que vive pa’ los suyos,
le dirá el Juez sin orgullo:
"¡No te conozco, alma insime!"
(Mateo 7:21-23)
