En la enfermedad
1. Dios como sanador y sustentador
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Éxodo 15:26: “Yo soy el Señor tu sanador.”
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Salmo 103:2-3: “Bendice, alma mía, al Señor… Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.”
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Jeremías 30:17: “Porque yo te devolveré la salud y te sanaré de tus heridas, dice el Señor.”
2. Fortaleza en medio de la debilidad
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Isaías 40:29-31: “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”
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2 Corintios 12:9: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
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Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
3. Promesas de cuidado y paz
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Salmo 23:1-4: “El Señor es mi pastor; nada me faltará… aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno.”
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Isaías 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo.”
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Juan 14:27: “La paz os dejo, mi paz os doy.”
4. El poder de la oración y la fe
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Santiago 5:14-15: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él… y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará.”
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Marcos 11:24: “Todo lo que pidáis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”
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Mateo 8:16-17: Jesús “sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho… Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”
5. Esperanza definitiva en Cristo
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Apocalipsis 21:4: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor.”
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Romanos 8:11: “Si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo vivificará también vuestros cuerpos mortales.”
Estos pasajes pueden convertirse en tu oración diaria. Puedes meditar en ellos, repetirlos en momentos de dolor o cansancio, y hacerlos parte de tu esperanza. No eliminan el proceso médico ni los cuidados necesarios, pero fortalecen tu fe para caminar con paz y confianza.