Monitoreo pastoral
En el Nuevo Testamento vemos que la tarea pastoral nunca fue individualista, sino compartida y organizada. Pablo instruyó a Timoteo a que usara la Escritura para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia
(2 Timoteo 3:16-17). Estos cuatro verbos son justamente los pilares del monitoreo pastoral: guiar con la Palabra, acompañar con corrección amorosa, afirmar la fe y formar en justicia.
Además, la iglesia primitiva ya practicaba un cuidado mutuo y supervisado:
Hechos 20:28: Pablo dice a los ancianos de Éfeso: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor.” Aquí hay un llamado al monitoreo espiritual: velar por el rebaño.
Hebreos 13:17: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta.” La idea de “velar” implica supervisar, acompañar y rendir cuentas.
Gálatas 6:1-2: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre… Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.” Aquí vemos la dimensión comunitaria y de mutua corrección.
El “monitoreo pastoral” no es otra cosa que poner en práctica estos principios: velar, enseñar, corregir, animar y acompañar. No se trata de control humano, sino de un cuidado espiritual basado en la Palabra, con el fin de que la iglesia crezca en santidad y en servicio.
En síntesis: la Biblia nos muestra que la iglesia es un cuerpo que necesita ser pastoreado, supervisado y acompañado. Lo que hoy llamamos “monitoreo pastoral” es un modo ordenado y práctico de aplicar lo que ya la Escritura enseña.