OAP72

✝ Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno; absteneos de toda forma de mal. 1Tes 5.21-22 ✝

20/11/25

El Regalo de Salvación

 

Muchos calvinistas como Voodie Baucham dicen, "En ninguna parte del Nuevo Testamento nos llama a aceptar a Cristo" ignorando que en Juan 1:12 nos exhorta y enseña todo lo contrario, "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Otros calvinistas como James White también afirman que las ovejas no pueden escoger a su pastor. En cambio, Josué 24:15 declara, "Y si mal os parece servir a Jehová, ESCOGEOS hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová." Lo mismo en 1 Reyes 18:21.

Entonces, ¿por qué estos calvinistas creen que no podemos escoger o aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal cuando esa es la decisión más importante que podemos hacer en nuestra vida? Porque para ellos primero tenemos que esperar a ser regenerados y eso solo si es que somos unos de los pocos elegidos que el dios calvinista seleccionó arbitrariamente antes de que nacieramos. En otras palabras, según su doctrina de la desgracia nadie tiene ese libre albedrio porque para estos maniqueos o semi-gnósticos eso sería como ganarnos la salvación o alcanzar algún tipo de mérito propio.

Nuestra Respuesta:
El problema es que su argumento de que recibir o aceptar algo implica tener mérito de lo recibido es una falacia non sequitur (No se sigue) y tampoco tiene sentido bíblico pues confiar en la obra de Cristo no es una obra en sí misma. Por ejemplo, la Biblia compara la salvación de Dios como un don o un regalo (Efesios 2:8-9 y Romanos 6:23) y así como aceptar un regalo navideño no es lo mismo que merecerlo, tampoco se obliga a recibirlo. O sea, ignoran que hay una diferencia entre actos inherentes y actos meritorios.

Cuando alguien da un regalo, el mérito es del que regala y no del que recibe. El que no lo quiere recibir simplemente no disfrutará del regalo del cual tampoco se da a la fuerza. En otras palabras, recibirlo es solo un acto inherente pero no meritorio. Por tanto, una persona que recibe un regalo puede quemarlo, dárselo a otro, alegrarse o decepcionarse, pero todo el crédito del dador de ese regalo no es afectado por la forma que el recipiente usa ese regalo. Por eso la Biblia enseña que creer o tener fe no es una obra de la ley la cual se puede jactar (Romanos 3:27 y 4:3-5). Pablo hace esta diferencia en toda su epístola a los Romanos. Segundo, el argumento calvinista no es solo intuitivamente falso sino que también contradice las Sagradas Escrituras las cuales afirman que se debe recibir o aceptar a Cristo en Juan 1:12.

En la historia Patrística se enseña esto también como en los escritos de Tertuliano, Lactancio, Novaciano y Hilario de Poitiers (250–400 d.C.). Hilario, por ejemplo, dijo que en Juan 1:12–13 es la oferta de salvación que Dios ofrece por igual a todos y que aquellos que lo reciban en virtud de su fe avanzan hasta ser hijos de Dios, no nacidos del abrazo de la carne ni por la concepción de la sangre ni del deseo corporal, sino de Dios… “a todos se les ofrece el don divino y se le entrega al que escoge voluntariamente.” (Trin. 1.10-11). Tertuliano (205) también escribió que “a pesar de que poseen una naturaleza corrupta, los humanos poseen una capacidad residual para aceptar el regalo de Dios basada en la buena imagen divina que aún reside dentro de cada humano” (De anima 22). En otras palabras, según la Patrística preagustina, toda persona conserva la capacidad de creer.

Por tanto, este tipo de argumento deformado no tiene sustento lógico, ni en la Patrología y mucho menos en la Santa Biblia. Como admite el erudito calvinista Loraine Boettner: “Los Padres más tempranos enseñaron que el hombre podía aceptar o rechazar el evangelio… ellos enseñaron un tipo de sinergismo en la cual había una cooperación entre gracia y libre albedrío… Agustín fue claramente el primero que con su doctrina de pecado y gracia fue más lejos que los teólogos más antiguos al enseñar la elección incondicional.” (Reformed, 365).

Además, ¿acaso tenemos libre albedrío para pecar pero no para creer en Cristo, lo cual es la decisión más importante de la vida? Eso no tiene sentido. En el Nuevo Testamento vemos a Jesús no solo invitando a las multitudes a creer, sino juzgando y lamentando si no lo hacen. Esto carecería de sentido si no fueran capaces de responder o si su incredulidad estuviera predeterminada, como afirma el punto T de TULIP (Depravación Total). Según tal doctrina, un pecador podría decir que rechaza a Cristo porque “Dios no lo eligió”, eximiéndose de culpa, algo totalmente contrario a Romanos 1–2.

Jesús mismo utiliza analogías condicionales: “si alguno quiere venir…”, “si alguno oye…”, “esforzaos por entrar…” (Lucas 13:23-24). Cuando se le preguntó a Pablo qué hacer para ser salvo, no dijo “nada” como enseñaba Agustín, sino: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:30-31). Esto implica una condición, una respuesta humana real. Históricamente, la Iglesia primitiva también entendía la salvación como sinergia, jamás como determinismo monergista.

Si conservamos la imagen de Dios, como enseña la Escritura, entonces también conservamos una voluntad libre. Ireneo de Lyon enseñó: “Dios tiene libre albedrío y el hombre también, porque somos hechos a su imagen. Dios preservó la voluntad del hombre libre.” (Contra los Herejes, 4.37). Eruditos modernos como Wingren y Donovan confirman que para Ireneo el imago Dei incluía la libertad de elección (Ken Wilson, El Fundamento del Calvinismo Agustiniano, p. 27).

Además, doctrinas que negaban esta libertad fueron condenadas por concilios como Arlés, Orange II y la Confesión de Dositheo (Jerusalén). El determinismo resurge recién en algunos reformadores y se sistematiza en el acróstico TULIP en el siglo XIX.

Finalmente, tener libre albedrío no significa salvarse a uno mismo, sino que Dios toma la iniciativa por medio de su Palabra y su Espíritu. La fe viene por el oír (Romanos 10:17). La re
generación viene después de la fe, no antes. Jesús lo deja claro: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39–40). Él no dice “yo no quiero que vengan”. La responsabilidad recae en el hombre. Invertir este orden —como hace el calvinismo— es poner el carro delante del caballo.



Cita de la fuente original

Este texto procede de una publicación del canal Pentecostal Ortodoxo.

Referencia del post en YouTube:
Pentecostal Ortodoxo. El Regalo de Salvación. Publicado en YouTube Community (2024).
Disponible en:
http://youtube.com/post/Ugkxwmq-CCIvdDJu4lsomCidVFtJS8htrkTt?si=FI2npIDxcp-XOs8t

Sitio web del mismo autor:
https://paginadeteologiapentecostalarminiana.wordpress.com/