La Novedosa Doctrina Agustiniana del Pecado Original y sus Raíces Extracristianas
La teología final de Agustín de Hipona, y en particular su interpretación del pecado original, no es vista por algunos análisis históricos como una extensión natural de la ortodoxia cristiana primitiva, sino como una novedad con un origen profundamente influenciado por corrientes filosóficas paganas y heréticas (Las Notas de Balthasar Hubmaier, 2024). El autor del texto sostiene que la doctrina agustiniana del pecado original que resultó en la "inhabilidad total" del ser humano para responder positivamente a Dios, es una construcción sincrética. Las primeras influencias de Agustín provinieron del estoicismo, el neoplatonismo y el maniqueísmo, siendo estas las que moldearon su marco teológico final, llevándolo a interpretar las Escrituras bajo un filtro determinista. De hecho, el historiador y filósofo Harry Wolfson afirmó que Pelagio representaba la creencia cristiana original sobre la libertad, mientras que Agustín introdujo elementos ajenos, "cristianizando" la doctrina pagana estoica del destino.
Este sistema de pensamiento, que después se convertiría en el fundamento del calvinismo-agustiniano, se apoya en la idea de la depravación total, que se define como la inhabilidad completa del hombre para responder a Dios, una visión que exige una iluminación o despertar unilateral por parte de la deidad hacia un "alma muerta". Esta noción antropológica pesimista sobre la naturaleza humana corrupta y aborrecible es similar a la visión gnóstica y maniquea de la materia y el ser. Ernesto Bonaiuti, por ejemplo, sugiere que la afiliación de Agustín al maniqueísmo durante diez años dejó un trasfondo pesimista que se manifestó inconscientemente y afloró durante la controversia pelagiana, culminando en la doctrina del pecado original con inhabilidad total. La solución teológica a esta antropología de inhabilidad total fue descrita como "la cristianizada gracia radical de los maniqueos" por el Dr. Ken Wilson.
El cambio teológico de Agustín hacia el determinismo, que ocurrió alrededor del año 412 d.C., tuvo la controversia pelagiana como uno de sus principales catalizadores. Fue durante este debate que Agustín defendió una postura de pecado original que incluía la culpa heredada, lo que llevó a la enseñanza de la condena infantil, pues un niño sin ser "elegido" y sin ser "bautizado" estaba condenado al infierno. Curiosamente, al principio de su conversión, Agustín había defendido el libre albedrío en contra de los maniqueos, incluso corrigiendo a su oponente maniqueo Fortunato sobre la interpretación de Efesios 2:8, pero luego, en su obra El Espíritu y la Letra (escrita en el 412 d.C.), recayó en la interpretación maniquea al asegurar que la fe es un "don de Dios" en ese pasaje. Por lo tanto, la postura agustiniana tardía del pecado original y la inhabilidad total, que exige una "infusión" de fe, fue una doctrina que se impuso "contra toda la tradición del cristianismo". La Iglesia temprana, representada por más de cincuenta autores pre-agustinos, enseñaba consistentemente el libre albedrío y rechazaba la "Predeterminación Divina Unilateral de los Destinos Eternos de los Individuos" (PDUDEI) como una filosofía pagana o herejía gnóstica y maniquea.
