CREDO DE LA SALVACIÓN.
Declaración de fe sobre la doctrina de la salvación, organizada de manera sistemática y fundamentada en las Escrituras:
I. EL ORIGEN Y LA SOBERANÍA DIVINA
Creemos que la salvación es una obra enteramente divina en su origen, ejecución y fin. Dios es la fuente, el sustentador y el objetivo de todas las cosas; por lo tanto, a Él sea la gloria por los siglos de los siglos (Romanos 11:33-36). La salvación se fundamenta en la elección, un acto soberano por el cual Dios determina a los seres humanos para salvación y santidad desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:3-5; Romanos 8:30).
II. LA NECESIDAD HUMANA Y EL PECADO
Creemos que todos los hombres han pecado y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).
El pecado es toda acción o pensamiento contrario a Su voluntad y produce la muerte, entendida como la separación física, espiritual y eterna de Dios (Santiago 4:17; Romanos 6:23).
Debido a la depravación total, el ser humano es incapaz de ganar el favor divino o cambiar su condición por méritos propios, requiriendo una intervención externa y gratuita (Efesios 2:1-3; Romanos 5:6).
III. LA OBRA MEDIADORA DE CRISTO
Creemos que Jesucristo es el único centro de la obra salvadora de Dios (Hechos 4:11-12).
En Su sacrificio, Él cumplió cuatro funciones vitales:
Sustitución:
Murió por nuestros pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18).
Redención:
Nos liberó de la esclavitud del pecado mediante el pago de Su sangre (Efesios 1:7, 14; 1 Pedro 1:18-19).
Propiciación:
Satisfizo plenamente la ira justa de Dios contra el pecado, siendo el medio para nuestro perdón (1 Juan 2:1-2; Romanos 3:25).
Reconciliación:
Transformó nuestra enemistad con Dios en paz y amistad mediante Su muerte (Colosenses 1:20-22; Romanos 5:10).
IV. LA APLICACIÓN DE LA SALVACIÓN
Creemos que Dios llama a los hombres a la salvación.
Existe un llamado general para todos y un llamado eficaz al cual responden los que creen (1 Corintios 1:23-24).
Esta respuesta se manifiesta en:
Regeneración: El acto del Espíritu Santo de impartir vida espiritual, naciendo de nuevo "de lo alto" (Juan 3:1-7; Tito 3:5).
Conversión: Que implica un arrepentimiento genuino (cambio de mente respecto al pecado) y la fe (confianza absoluta en Cristo como Salvador) (Hechos 20:21; Efesios 2:8-9).
V. LA POSICIÓN DEL CREYENTE
Creemos que, en el momento de creer, el pecador recibe una nueva posición legal y filial:
Justificación:
Dios declara justo al pecador, no por hacerlo justo en sí mismo, sino por atribuirle la justicia de Cristo a través de la fe (Romanos 5:1; 2 Corintios 5:21).
Adopción:
El creyente es introducido en la familia de Dios con todos los privilegios de un hijo, pudiendo clamar "¡Abba, Padre!" (Gálatas 4:4-7; Romanos 8:15).
VI. LA DOCTRINA DE LA SANTIFICACIÓN
Creemos que la santificación se desarrolla en tres etapas:
Posicional:
El creyente es apartado para Dios de una vez y para siempre al momento de su salvación (Hebreos 10:10; 1 Corintios 6:11).
Progresiva:
Un proceso diario donde el cristiano, mediante la Palabra y el Espíritu, crece en santidad y se aparta del dominio del pecado (Juan 17:17; Filipenses 1:6).
Final (Glorificación):
La perfección absoluta que recibiremos al regreso de Cristo, cuando seremos librados de la presencia misma del pecado (1 Juan 3:1-3; Romanos 8:23).
VII. LA SEGURIDAD ETERNA Y LA CERTIDUMBRE
Creemos que la salvación, una vez recibida, es eterna y no se puede perder.
Esta seguridad descansa en el propósito del Padre, el poder de Su mano y la intercesión continua del Hijo (Juan 10:28-29; Romanos 8:33-39; Hebreos 7:25).
El Espíritu Santo sella al creyente para el día de la redención final (Efesios 4:30).
Poseemos la certidumbre de esta vida eterna basándonos en la fidelidad de las promesas de Dios y no en nuestras emociones (1 Juan 5:11-13).