La Elección, ¿una doctrina compleja?
Pero antes de preguntarnos si la doctrina de la elección es compleja, quizá la pregunta más importante debería ser otra. ¿Es una doctrina bíblica?- La respuesta es clara. Sí.
La Biblia habla de elección.
El apóstol Pablo escribe:
“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” (Efesios 1:4)
Este texto muestra que la elección forma parte del propósito eterno de Dios. No es una idea teológica inventada por los reformadores ni por los teólogos posteriores. Está presente en las Escrituras.
Sin embargo, el problema no surge cuando leemos la Biblia, sino cuando intentamos forzar el texto bíblico para hacerlo encajar dentro de sistemas teológicos demasiado rígidos.
Ahí comienzan las tensiones.
Cuando la teología se vuelve más fuerte que la Biblia
A lo largo de la historia de la iglesia se han desarrollado diferentes interpretaciones de la elección. Algunas han intentado explicar el misterio de la salvación con categorías muy cerradas.
El ejemplo más conocido es el sistema de doble predestinación, asociado al calvinismo clásico. Según esta interpretación, Dios habría decretado desde la eternidad no solamente quién será salvo, sino también quién será condenado. En otras palabras, algunos seres humanos habrían sido creados con un destino irreversible de condenación.
El problema es que cuando observamos el conjunto del testimonio bíblico, esa conclusión empieza a tensionarse con muchos otros textos.
La Escritura declara:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.”
(Juan 3:16) También afirma: “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.”
(1 Timoteo 2:4) Y Pedro añade: “El Señor… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9)
Si la Biblia enseña claramente que Dios desea la salvación de todos, entonces cualquier interpretación de la elección debe poder armonizar con esa verdad.
La teología no puede imponerse sobre la Escritura. Debe surgir de ella.
La elección en Cristo
Una lectura más amplia del Nuevo Testamento muestra algo muy interesante: la elección aparece constantemente relacionada con Cristo.
Pablo dice que fuimos escogidos “en él”. No dice simplemente que fuimos escogidos de manera aislada, sino en Cristo.
Esto cambia el enfoque. Cristo es el Elegido de Dios. Y todos aquellos que están unidos a Cristo por la fe participan de esa elección.
La elección, entonces, no es un decreto arbitrario que decide el destino de cada individuo antes de nacer. Más bien es el plan redentor de Dios que se cumple en Cristo y se extiende a todos aquellos que creen en Él.
Por eso el evangelio es una invitación universal.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados.”(Mateo 11:28)
La gracia de Dios llama.
El ser humano responde.
La gracia que llama
La Biblia enseña claramente que nadie puede salvarse por sí mismo.
La salvación es completamente obra de la gracia.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” (Efesios 2:8)
Pero al mismo tiempo, el evangelio llama a todos al arrepentimiento.
“Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.” (Hechos 3:19)
Aquí encontramos un equilibrio profundamente bíblico.
Dios toma la iniciativa.
Dios llama.
Dios ofrece la gracia.
Pero el ser humano debe responder en fe.
Entonces… ¿es una doctrina compleja? - Tal vez sí.
Pero más importante que su complejidad es su belleza.
Cuando dejamos que la Biblia interprete a la Biblia, la doctrina de la elección deja de ser un problema filosófico y se convierte en una expresión maravillosa del amor de Dios.
Dios ha preparado desde la eternidad un plan de salvación.
Ese plan está centrado en Cristo.
Y todos aquellos que creen en Él participan de esa elección.
La pregunta entonces no es si Dios quiere salvar.
La cruz ya respondió esa pregunta.
La verdadera pregunta es si nosotros responderemos al llamado del evangelio.
Conclusión
La doctrina de la elección no debe asustarnos ni dividirnos.
Debe llevarnos a contemplar la profundidad del plan redentor de Dios.
Sí, Dios elige.
Pero lo hace en Cristo.
Y el evangelio sigue proclamando la misma invitación que resonó hace dos mil años:
“Todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
Cuando interpretamos la elección con toda la Escritura, y no forzamos los textos para que encajen en sistemas deterministas, descubrimos que esta doctrina no es fría ni fatalista.
Es una de las expresiones más hermosas de la gracia de Dios.
